Su hobby siempre fue pasear en bicicleta, siempre. Se levantaba temprano, se iba al baño se cepillaba los dientes y bajaba su bici desde el tercer piso y se iba por toda la avenida costanera mirando el mar contaminado del litoral peruano, mientras manejaba miraba también a las personas que estaban en su camino, mujeres y hombres recogiendo basura, jóvenes y niños aspirando terocal, pero una vez se cruzó con un pata que estaba fumando marihuana mientras manejaba su bici y tuvo que parar porque la vereda en el que iban era muy estrecha para los dos y, aunque bajar a la pista no era muy arriesgado porque no pasaban muchos carros no lo hicieron. Él, paró antes que el chico con la marihuana, como esperando que pasara conduciendo, pero el otro también se detuvo, los dos se quedaron mirando, él miraba su porro entre los dedos, sus rizos, sus lentes sin montura, su polo negro apretado con la frase que se hizo popular ya hace algunos años: “Compre peruano” y la foto de la bandera del Perú, sus pantalones holgados y bien bajos, sus zapatillas grades de la marca que usan los que andan en patinetas, sus uñas cortas y limpias, sus cejas pobladas y sus pestañas grandes y hacia abajo. El otro se bajó de la bici y caló de su porro una buena cantidad que mantuvo en sus pulmones un buen tiempo mientras caminaba con su bici hacia él, y luego le echó todo el humo en su cara y le extendió la mano con su porro para que lo probara, él cogió el porro y recordando los tiempos en la universidad con sus amigos pastrulos, le dio unas cuantas caladas después de varios años sin probar bendita marihuana. Sin preguntarse nada siguieron caminado con sus bicis y fumando lo que quedaba de porro. Él que era siempre bien observador y estudiaba al detalle a las personas no lo podía hacer muy bien a su acompañante porque ni siquiera hablaban, solo intercambiaron sus nombres y de donde eran, el otro vivía relativamente cerca a su casa y él pensó que podían verse de vez en cuando sobre todo para darle unas cuantas caladas gratis a un porro que después de años no le sentaba nada mal. Pasó un rato y luego de terminar de fumar se sentaron en las piedras mirando el mar, el otro le preguntó si nadaba y él respondió que sí sabía pero que no le apetecía hacerlo porque hacía mucho frío y prefería estar abrigado, además el agua es tan sucia que le daba asco, pero eso no le dijo por no ahondar en sus escusas, el otro se quitó el polo y el pantalón con las zapatillas, solo se quedó en bóxer y se metió. Nadó bastante lejos. Él se quedó sorprendido de lo que le puede hacer la marihuana a algunas personas: meterse al mar en pleno invierno era cosa de locos así que solo lo observaba y pensaba que si le da un ataque en pleno océano tendría que entrar a sacarlo aunque no quisiera, el por qué no lo sabía, solo sabía que si algo le pasaba al otro y no hacía nada para ayudarlo se quedaría con un gran remordimiento toda la vida por no intentar nada, pero felizmente no pasó nada y cuando el otro salió del mar se sacudió un poco se quitó el bóxer se puso su pantalón y su polo, montó su bici y le hizo una seña con la cabeza como para que lo siguiera diciendo: “vamos”. Montaron y él lo siguió a toda velocidad hasta llegar a un edificio, entraron y dejaron sus bicicletas en el estacionamiento, subieron por el ascensor hasta el sexto piso y entraron a un departamento bien grande y bonito por la decoración y lo aseado, todo estaba impecable, el otro le dijo que lo esperara mientras tomaba un baño. Habían llegado sudando por manejar tan rápido, cuando salió de la ducha vio que su invitado estaba viendo su armario y le dijo que si quiere podía tomar un baño también, le dio una toalla limpia y unas sandalias, él empezó a quitarse la ropa y el otro lo observaba mientras se ponía un polo blanco. Un espejo era testigo de lo que pasaba en el cuarto y mediante éste los dos se miraban sin decirse nada hasta que se quedó en bóxer y se puso la toalla para ir a la ducha. Cuando salió de la ducha el otro estaba en la cocina terminando de calentar unos panqueques que puso en un plato, le dijo que cogiera el plato y lo llevara al cuarto para que comieran mientras veían una peli, claro solo si quería, él no tenía nada que hacer y le dijo que normal. Mientras el otro conectaba el dvd en la tele, él lo observaba y no entendía por qué no decía nada, siempre era bien conversador, pero con este tipo era diferente solo no hablaba y hacía las cosas, no se decían nada más que lo necesario para hacerse compañía sin saber más que sus nombres, no sabía de su familia ni de su edad, aunque no parecía mayor que él, ni a qué se dedicaba, absolutamente nada. El otro dijo en voz alta ¡mierda! El cable estaba mordido por su perro y no podía conectarlo a la tele así que no pudieron ver nada y terminaron de comer los panqueques mirando alrededor, luego se echaron y conversaron un poco de pasear bici, del tipo de películas que le gustan y coincidieron en el género, también en su agnosticismo y en el rechazo a la iglesia católica. Los dos estaban mirando el techo del cuarto que mientras se hacía más oscuro por el pasar de las horas y el día se convertía en noche aparecieron unas estrellas, lunas y planetas fosforescentes que el otro había pegado para creer que estaba fuera de su casa mirando un cielo despejado como los que no hay en Lima mientras esperaba el momento de quedarse dormido. El otro le preguntó si estaba aburrido y él respondió que por alguna extraña razón no lo estaba, que se sentía raro porque no conversaba de casi nada y se sentía a gusto. El otro se giró y mirándolo a los ojos le dijo que era simpático, él solo lo miraba sin hacer o decir nada, el otro le preguntó si podía tocar su nariz y él hizo un gesto de afirmación con su cabeza. “tienes un perfil griego” dijo el otro riéndose, él también se rió y le dijo que su perfil si era bonito de verdad, además de sus rulos y sus cejas. Los dos se volvieron a echar mirando el techo y el otro le pregunta incrédulo que si le gustaban sus rulos, él voltea y responde que sí con seriedad y agregó mirándolo al rostro que también su dorso era lindo cuando salió del mar, y volteo para mirar de nuevo el techo. El otro le preguntó si era marica y él respondió: “yo no te he preguntado si lo eres”, no, respondió el otro. Entonces dejémoslo ahí dijo. Pero si eres marica no sería malo dijo el otro, supongo, respondió él mientras volvió para observarlo otra vez y preguntarle a qué hora regresan sus padres, el otro le dijo que no regresan y que es raro que los vea por casa porque sus trabajos se lo impiden además le aburría hablar de ellos porque son un poco aburridos a pesar de que son jóvenes. Al igual que los padres de él, que también lo eran. Por qué preguntó el otro, te quieres quedar le dijo. No, solo decía, respondió descubierto. Puedes quedarte si quieres, le dijo, tengo mudas de ropa limpia que la empleada me deja interdiario y si quieres te la doy para que te la pongas. No, así está bien. Como quieras puedes dormir así. Gracias le dijo él...
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