miércoles, 7 de julio de 2010

Cambio de final

Cambio del final de Eisenhower y la tiqui-tiqui-tin


Ella también tuvo sus ilusiones y a ese nivel debo haberle hecho daño, la sigues deseando, ¿no? Te voy a dar un dato, gordo: a eso de las seis sale cada tarde a pararse en la vereda. Ahí la encuentro cuando llego del trabajo; esperando que pase el carrazo de alguien que sea lo que ella creyó que era yo. Porque yo era rico, gordo, igual que tú con esa misma forma de andar y gusto por ponerle apodos a las personas, pero diferentes en nuestros sentimientos, yo soy un pobre y triste enamoradizo que buscó la felicidad en una puta, en una pobre y triste puta, que lo único que quiso era ser feliz, tener plata, coche propio y pertenecer a una clase social alta. Ahora solo espera en la vereda la felicidad que nunca le pude dar, no porque sea malo, gordo, no, solo porque soy pobre y no me arrepiento de serlo gordo, aunque me pongas esa cara de asombro porque alguna vez la pasamos bien, porque cuando ella todavía dice tráficos en vez de tráfico puedo percibir su inocencia, aquella inocencia que ellos creen arrebatársela cuando se la tiran en mi cama, gordo, sí, en mi cama, donde duermo con ella, donde hace tiempo no hacemos el amor, gordo, que triste me siento. Trato de ser feliz en mi pobreza, gordo. Pero esa inocencia que creen arrebatarle todos los días, ésos con carros lujosos, en mi cama cuando no tienen mucho tiempo o en la cama de más de dos plazas de un lujoso hotel, con sábanas blancas, olor a suavizante de una marca cara; cuando disponen del tiempo suficiente. Una vez, gordo, el día de nuestro aniversario, llegó muy tarde y cansada para amar o al menos querer un poco, solo se echó a dormir en el catre de dos por medio sin ni siquiera dirigirme la palabra, le ofrecí la cena que le preparé con amor, ese amor simple y limpio, para olvidar nuestras penas y pasar un rato agradable, pero ella me rechazó con la mirada y se acomodó para dormir bien, después de haber sido ultrajada por unas cuantas monedas, unas monedas que yo no puedo darle, gordo, porque mi trabajo no paga bien, porque no soy un abogado exitoso como tú no puede ser un abogado porque tengo sangre en el corazón, no como tú, gordo, que puedes llegar y embaucar hasta tu madre. No sabes qué sufrimiento. Pero no creas que soy un egoísta, también pienso en ella, como te dije hace un rato, pienso en sus frustraciones, en lo que no pudo conseguir por estar conmigo. Gordo no quiero aburrirte, pero quiero que sepas que te valoro, te quiero como mierda. Espera, tengo la garganta seca, necesito un trago,…. Solo te quería decir eso, gordo, contarte mi vida, después de tiempo que no nos vemos en este bar donde puede que haya empezado mi desgracia y tu riqueza. Para terminar, gordo, para no aburrirte más quería darte las gracias por nunca permitir prestarme dinero cinco veces y, terminar como esos abuelos a los que le fue mal en la vida, te acuerdas, gordo, claro que sí, ya lo he comentado al inicio de nuestra conversación. Quería decirte que he estado juntando dinero para comprar un objeto de mucho valor, ayer me lo vendiste, sin preguntarme para qué lo quería. Yo quería que me lo preguntaras pero no lo hiciste, quería decirte en ese momento todo lo que te estoy diciendo ahora pero no se pudo porque tenía cosas importantes que hacer, documentos que firmar, casos por atender, pero llegó el momento y es ahora que te voy a decir para qué lo compré, pero antes quiero pedirte un favor, date una vuelta en tu carro por la vereda donde se suela parar mi mujer, para que le regales unas monedas que la harán más feliz que yo y, llévala a un hotel caro y lujoso, para que disfrutes de su inocencia, de aquella inocencia que me cautivó y me sigue cautivando, gordo, prométemelo, dime que lo harás. Yo sé que si lo harás porque te gusta su cuerpo, esa figura de chiquilla que todavía tiene, pero quiero que me lo prometas. Gracias, gordo, muchas gracias. Ahora voy a tocar el asunto final, ya para terminar, porque se hace tarde y, cuando llegues a tu casa tu mujer te va a preguntar de donde llegas oliendo a alcohol y con quién habrías estado, le dirías que conmigo y entonces ella se molestaría porque yo sé que no le gusto y tampoco le gusta mi mujer, por eso que tampoco permitirá que tu niña vaya al santo este año al igual que el año pasado y anterior a ese. Por eso voy al asunto final, gordo, voy al asunto de lo que me vendiste. Yo lo traté de usar y no tuve el valor, no pude tirar del gatillo, ves como soy cobarde, pero ahora estoy decidido, gordo, lo voy hacer porque ya no aguanto más tener una familia como la tengo, lo siento gordo no pongas esa cara otra vez, lo voy hacer, estoy decidido, no te me acerques que todavía quiero decirte algo. Hasta nunca, gordo de mi vida, me alegro que siempre hayamos sido amigos, hasta el final, adiós.

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